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Weegee, el lado B de la fotografía


Arthur Fellig, (Weegee para los amigos) es un artista que llevó una vida de esas dignas de novela. Llegó a Estados Unidos con solo 11 años junto con su padre provenientes de Suiza. A los 15 se marchó de su casa. A los 23 comenzó con el trabajo que lo haría famoso, la fotografía, haciendo retratos en los parques y plazas de New York, la que sería su ciudad por toda una vida.
Pronto fue contratado por el estudio "Acme" en donde trabajó junto a Bugs Bunny y el coyote como copiador. Aprendió lo suficiente y adquirió su famosa Speed Graphic 4x5 (aquella con la que aparece retratado arriba) y comenzó a trabajar como "reportero de sucesos nocturnos".


Muchas veces, acompañaba a los reporteros para revelar y copiar los negativos en el lugar de los hechos. En otras, era él mismo quien tomaba las fotografías. Como demostró que podía hacerse cargo, le empezaron a encargar tareas en horarios y lugares marginales. Así Weegee, como le empezaron a llamar, comenzó a retratar los acontecimientos mas sórdidos del New York de los años 30.
Comenzó a frecuentar los cuarteles policíacos, en busca de noticias de primera mano.
"Empecé a trabajar por mi cuenta en los cuarteles de policía de Manhattan. Fui allí varias veces cuando trabajaba en Acme y pensé que era el lugar más lógico para establecer mi cuartel general. Allí estaba el centro nervioso de la ciudad que yo conocía y allí encontraría las fotos que andaba buscando"
dice el propio Weegee en su autobiografía.


Sus conexiones fueron creciendo, así, bomberos, dueños de bares, encargados de cabarets, choferes de ambulancias y toda una serie de personajes de la mas variada calaña le conseguían buena información. Su estrategia de fotógrafo independiente se expandió aún más. Gracias a sus relaciones con la policía, en 1938 consiguió instalar en su Chevy marrón de dos puertas una radio de onda corta en la que podía escuchar la radio de la policía.
Dice Fellig respecto a esa época:
"Mi coche se convirtió en mi casa. Tenía dos asientos y una cajuela especial muy grande. Guardaba todo ahí: una cámara, bombillas de magnesio, soportes adicionales, una máquina de escribir, botas de bombero, cajetillas de cigarros, salami, película infrarroja para fotografiar a oscuras, uniformes, disfraces, una muda de ropa interior y zapatos, calcetines extras.
Ya no tenía que esperar que el crimen viniera a mí; yo podía ir tras él. La radio era la línea de mi vida. Mi cámara -mi vida y mi amor- era mi lámpara de Aladino."




Sus imágenes no sólo eran exclusivas e impactantes sino que además eran ásperas, eran duras, muy auténticas. Sus contactos y sus fuentes lo mantenían siempre al día.
Su territorio era la ciudad entera.
Poco antes de morir, al final de su autobiografía, Weegee resumió el significado de su trabajo: "A lo largo de mis safaris y tours de conferencias por el mundo, la gente quiere que les revele el secreto de mi éxito. Es muy simple, he sido siempre yo mismo. Por otra parte, he nacido con un fuerte complejo de inferioridad, lo qué me ha obligado a exigirme al máximo, entregando mi vida y mi energía al trabajo. Lo mío no es hobby como para los vendedores de zapatos, barmen, plomeros, peluqueros, verduleros o pedicuros, para quienes la fotografía no es más que un buen hobby, y una manera de impresionar a sus amigos con sus fotografías.
Si son tan buenas, ¿por qué entonces no se dedican full time, como un verdadero trabajo, y hacen de su peluquería, plomería, etcétera, un hobby?
Lo que sucede es que nadie quiere arriesgarse".
Arthur Fellig murió en vísperas de la Navidad de 1968.


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¡Al fin! Robert Capa al 100%


Sobre esta foto, quizá la mas famosa del también famoso fotógrafo Robert Capa, ha existido desde hace tiempo una añeja disputa acerca de su autenticidad.

La fotografía en cuestión, conocida como "Muerte de un miliciano", se convirtió en un icono de la guerra civil española y en un paradigma de la fotografía de guerra.
La imagen muestra el momento cuando el anarquista Federico Borrell García, el 5 de septiembre de 1936, muere de un balazo en Cerro Muriano, cerca de Córdoba, en el sur de España.
Federico, quien al momento del desgraciado momento contaba apenas 24 años, aparece cayendo hacia atrás con un brazo estirado en cuya mano aparece un fusil, momento en el que el Capa consigue captar el instante exacto desde una trinchera.

Sin embargo una suma de detalles como la ausencia de soldados próximos a Borrell en el campo de batalla, la falta de pruebas visibles de la herida de bala y, por qué no decirlo, el insólito oportunismo de Capa, alentó las sospechas de falsedad.
Hasta que hace poco, el año pasado, fue (re)descubierta una serie de negativos de don Robert, que habían permanecido extraviados poco más de setenta años en una maleta en alguna parte de Mexico. Tal maleta es conocida en el mundo de la afición fotográfica como "la valija mexicana" y para dicha de los "fans" de don Robert (entre los que por supuesto me incluyo), entre muchos otros, la valija mexicana contenía los negativos tomados aquella soleada y trágica tarde de Septiembre.

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40 son los negativos que en las manos de Richard Whelan (fallecido el año pasado), biógrafo de Capa, fueron capaces de desentrañar uno de los grandes misterios fotográficos de la historia.
Según la reconstrucción del suceso que hizo Whelan, Capa aprovechó la hora de la siesta, respetada por los bandos republicano y franquista, para fotografiar a los soldados simulando acciones bélicas. El ajetreo de la tropa debió atraer la atención de las fuerzas franquistas y, justo cuando Capa iba a presionar el botón, un fusil enemigo abrió fuego.
Todas estas fotografías, muchas de ellas inéditas, están siendo exhibidas por estos días en el centro Barbican de Londres, en una exposición que ha venido a llamarse "¡Esto es la guerra!. Robert Capa trabajando".
Si andas en Londres antes del 25 de Enero del próximo año, y te sobran módicas £8 (libras esterlinas), no dudes en visitar la muestra.

VIA: revista ñ
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