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Preguntas entorno a la crisis educacional



Es un chiste, y lo que sucede en muchas salas de clase, (al menos en Chile), también es un chiste, pero uno bien malo. ¿Cómo puede ser que en pleno siglo XXI (21), a los alumnos se les siga enseñando con herramientas del siglo XIX (19)?


¿Por qué a los chicos se los satura con clases de química orgánica, álgebra, trigonometría, física de vectores, genética y cuando entran a la universidad son muy pocos los que, efectivamente, saben leer y escribir? ¿Alguien se ha puesto a pensar si necesitamos tantos científicos (y de pacotilla) o si necesitamos más gente de la calle, pero con herramientas eficientes para desenvolverse y desarrollarse de forma óptima?
¿Por qué no se enseña un poco de leyes básicas, un poco más de historia, un poco más de lectura y escritura, un poco más de arte, y un poco más de deporte?
¿Acaso no está eso más cerca de la gente común y corriente que no usa delantal blanco y que tampoco usa una calculadora científica?

¿Se está optimizando adecuadamente el tiempo de profesores y alumnos en referencia a un plan de estudios que, a mi modo de ver, requiere de una urgente revisión?
¿Dónde está la "reforma educacional" y en qué consiste?
¿Dónde están los estudios necesarios para implementar un desarrollo estratégico de la educación pública para los próximos 20 años?
¿Por qué el puntaje que se le pide en la PSU (prueba de admisión de las universidades chilenas) a un futuro dentista es tan, tan superior al que se le pide a un futuro profesor?

¿Acaso NADIE se ha puesto a pensar en que nuestra educación requiere una urgente ACTUALIZACIÓN?

FOTO VIA: el chiste de mel
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cultura local

El diccionario de La Real Academia define la palabra cultura como el conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época y/o grupo social, etc.
Según esta definición sería parte de nuestra cultura local la ciencia y la industria que se desarrolla dentro de los límites que definen el ahora vago concepto de lo local. Pero en fin, ese es tema para otra entrada.

Para mi la cultura es un cúmulo de actividades que tienen que ver con lo cotidiano, con todo aquello que vamos construyendo en el día a día. Y en esto cabe de todo, (y no solo la llamada “cultura tradicional”) el recorrido que hace el chofer de micro, la comida que prepara la dueña de casa, los programas que pasan en la tele (por cierto), la piscola que nos tomamos el día viernes o el partido de fútbol que se juega el fin de semana. Nuestra actividad cultural está marcada por este cotidiano, por el quehacer diario, podríamos llamarle rutina, aún cuando no me guste mucho la palabra por su asociación con algo fome que se hace ya sin pensar.

Es de esta forma en la que veo nuestra cultura, como una expresión viva, tremendamente dinámica, que acontece, y cambia ante nuestros ojos, expresión auténtica que no obedece a lo políticamente correcto, por cierto tampoco a lo legal, (pensemos en el coa por ejemplo) ni a los lugares comunes del espacio que se nos señala como cultural ni a un supuesto sitial en donde estaría depositada el “alma de lo chileno”, lugar que (no hablando muy en serio por supuesto) indudablemente debería estar custodiado por un sólido blindaje para resistir la arremetida de manifestaciones foráneas que no harían sino solo “contaminar” esta “sublime” chilenidad esencial.

El paisaje cultural que yo veo es bastante sucio, lleno de desorden y muy contaminado con influencias extranjeras en donde conviven los mc donalds con palta (somos el único país del mundo en donde existen), el pichuncho, (pisco con martini bianco), una banda de hip hop que se llama La Legua York, o nuestro conocido completo italiano. La lista podría seguir y hacerse bastante extensa y sin duda seguirá creciendo en una época en donde el libro de la cultura chilena podría ser muy bien un blog que se actualiza cada 30 días.

Me agrada la idea de una cultura en constante renovación, abogo por ella, porque creo que en este hipotético compendio cultural chileno en donde sobran los relatos de empanadas, chicha en cacho y pies de cueca faltan las páginas en donde aparezca el ahora muy chileno rollito primavera, el vodka con jugo de piña soprole o nuestros internacionalmente famosos cafés con piernas.

Tengo el sentimiento de que el “stablishment” (permítanme este anglicismo) de la cultura en nuestro país no difiere en mucho a un personaje políticamente correcto a ultranza, aún a riesgo de perder toda consecuencia entre lo que dice y lo que hace, con una visión retrógrada de lo que significa el arte y la cultura en una época en la que, si lo que se pretende es lograr un aumento del público que accede a un cierto consumo cultural, lo mas sensato sería abrir las puertas de la difusión y la participación cultural y hacer que el público entre a un panorama amigable y cotidiano, que lo disfrute y se sienta parte de él para que, de esta forma, la cadena no se rompa y sobre este piso se siga construyendo cultura. continuar leyendo